
Qué hermoso eres. Quisiera ser tú,
(aunque estés muerto).
Ser tu rostro apagado , la palidez exacta
con que te ha vestido la muerte
Ángel mio :
hoy voy recorriendo las calles
para desdibujarlas del mundo.
Borro, despacio, la sombra atrapada en las aceras;
arranco los ojos ciegos a la mirada muerta
de los balcones;
me suicido, en cada esquina que doblo,
para olvidarme del tiempo , o de ti
Pero ya ves. Nada de ésto ha sucedido .
Tampoco la pesadilla ha comenzado.
Aún espera la caída de la tarde.
(Quiere que muramos con ella
sobre mediados de agosto o, en su defecto,
mañana).
Rosa Iglesias
6 agosto 2012
Un poema hermoso, elegiaco en su esencia. La poesía se presta a toda suerte de interpretaciones, acaso no es más sencillo, en vez de buscar explicaciones, recrear el espíritu en la belleza...? Escribir es un acto de amor, un puente de ida y vuelta, donde todo en él es real.
ResponderEliminarAbrazos hermana!
Contigo.
Cierto, María. Más allá de la interpretación realista de un poema se encuentra la emoción que lo ha originado- tan real, como la mano del que la escribe, aunque, sin forma explícita que la detalle -. ¡ La muerte tiene tantas formas de matar y ,así, transmutarnos ...!
ResponderEliminarContigo, María, siempre, en el puente que traza la experiencia vital
Te quiero inmensamente y te abrazo, hermana
Rosa